+34 696 386 544 raqueltoots@gmail.com

Documentales

Breve muestra de los documentales filmados por Raquel García

Breve muestra de los documentales filmados en las expediciones realizadas por Raquel García

Raquel García presenta una serie de documentales motivacionales

Viajes íntimos espiritualmente y rigurosos donde la exploración del paisaje y el enfrentamiento con la naturaleza se entrelazan con el más íntimo encuentro humano. Cada pieza combina imágenes de campo, testimonios locales y reflexiones personales para ofrecer una mirada cercana y honesta sobre los territorios recorridos.

Dos de esos documentales están especialmente diseñados para centros educativos, pensados como herramientas pedagógicas que abordan valores y ética; proponen actividades de debate, fomentan la empatía y trabajan la responsabilidad individual y colectiva a partir de situaciones reales vividas durante las expediciones.

El documental dirigido al público general narra la historia de las cinco expediciones y añade un enfoque explícito en la igualdad de género; su rasgo distintivo es que está relatado en primera persona por mujeres, lo que potencia voces femeninas, experiencias personales y una perspectiva que cuestiona estereotipos y reivindica protagonismos.

Nepal - 

+1.000 km entre montañas

Himalaya-nepal-trail-19
Portada Nepal mas de 1000km entre montañas Expedicion - 1

El Reto:

Atravesar el Himalaya de Nepal a pie durante 66 días, recorriendo más de 1.000 km con un desnivel acumulado de 35.780 metros.

Trayecto:

Conexión entre el Kangchenjunga y el Dhaulagiri, pasando bajo la sombra de colosos como el Makalu, Everest, Lhotse, Cho Oyu, Manaslu y Annapurna.

Logro:

Primera mujer española, segunda del mundo en completar esta travesía.

Himalaya - Nepal: Mi lección de vida (+1.000 km entre montañas)

"Ser la primera mujer española en atravesar el Himalaya de Nepal a pie ha sido el mayor desafío de mi vida."

 Caminé más de 1.000 km, superando un desnivel acumulado de 35.780 metros durante 66 días de travesía. Conecté el Kangchenjunga con el Dhaulagiri, caminando bajo la sombra de gigantes como el Everest, el Makalu y el Annapurna. Pero, por encima de los números, lo que me marcó el alma fue convivir durante 85 días con sus gentes y sus costumbres ancestrales.

Lo que aprendí de su realidad social

En este viaje conocí de cerca el Kamalari, un sistema donde las niñas son entregadas al servicio doméstico para pagar deudas familiares. Pude entrevistar a una niña que vivió esa esclavitud y a una madre que, entre lágrimas, me contó por qué tuvo que entregar a su hija. Me chocó profundamente ver cómo, en las aldeas, los hombres respondían por las mujeres incluso cuando yo les preguntaba su propio nombre. Son detalles que, desde mi visión occidental, me sacudieron por dentro.

Mi labor en las escuelas

A lo largo de la ruta, uno de mis objetivos fue repartir material escolar. Allí las escuelas no son como las nuestras; son aulas donde niños de todas las edades aprenden juntos, a veces sin luz natural. Sin embargo, al preguntarles qué necesitaban para ser felices, el 95% me respondió: "la familia". Fue allí donde comprendí de verdad que no es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Momentos que llevo grabados

Misticismo:

Recuerdo mi estancia en Bigu Gompa con las anis (mujeres lama). Asistir a una puja budista mientras intentaba recuperarme de una salud débil fue una de las experiencias más espirituales que he tenido.

Supervivencia:

Nunca olvidaré la noche en el Tinsang La. Hacía tanto frío en la tienda de campaña que tuve que ponerme los calcetines sobre los guantes para no perder la sensibilidad en las manos. O aquellas tres semanas en la jungla lidiando con mis "amigas" las sanguijuelas, teniendo que usar sal para despegarlas de mis botas cada pocos pasos.

Anécdotas:

El viaje tuvo de todo, desde ser invitada a la boda hindú de mi amigo Shaligram, hasta terminar en un hospital en Pokhara por el mordisco de un perro, participando en un estudio surrealista sobre por qué los perros y los monos muerden a los extranjeros.

Mi reflexión final

Mucha gente me pregunta en qué me ha cambiado este viaje. Mi vida sigue siendo la misma, pero mi forma de verla ha cambiado por completo. He aprendido a simplificar. Aunque soy una apasionada de las montañas y ellas son mi fuente de inspiración y energía, este viaje me enseñó que mi verdadera cumbre esta vez no era una cima de 8.000 metros, sino las personas que encontré en el camino.

 

Nepal el pais de los sentidos

La cumbre de la solidaridad

Logo Damavand Expedicion
Portada Nepal El pais de los sentidos Expedicion - 2

En esta expedición regresé a las grandes montañas con el objetivo de alcanzar la cima del Pisang Peak, un 6.000 que me desafiaba físicamente. Sin embargo, el destino y la realidad del país tras la pandemia tenían preparado para mí un camino muy distinto.

La decisión de la retirada

A veces, la montaña te dice que no es el momento, y esta vez lo escuché con claridad. No alcancé la cima, me retiré antes de lograrlo. Pero esa "no cumbre" se convirtió en una de mis mayores victorias personales. Al dejar de mirar hacia arriba, empecé a mirar a los ojos de quienes tenía a mi alrededor y comprendí que mi labor allí era otra y sobre todo que en la vida hay que ser humilde, reconozco que cuando decidimos el Pisang pensé “tampoco creo que sea para tanto”…

Campamentos sanitarios y ayuda directa

Junto a un médico, organizamos campamentos sanitarios itinerantes. Recorrimos zonas donde la asistencia médica no llega, atendiendo a personas que llevaban mucho tiempo aisladas. Ver la necesidad, pero también el agradecimiento de esas familias, fue lo que realmente dio sentido a todo el esfuerzo logístico del viaje. No solo llevábamos medicinas, llevábamos una conexión con el mundo que nosotros sentíamos perdida.

Orfanatos y espiritualidad

Pasé tiempo en Pokhara, visitando la Asociación Volando Cometas y el orfanato Rainbow Children. Convivir con esos niños y con las monjas budistas (las anis) me permitió sumergirme en una espiritualidad práctica, basada en el cuidado del otro y en la resistencia ante la adversidad. Aprendí de su calma y de su forma de entender la vida, una lección que ahora intento transmitir en mis talleres de "Arte y Emociones".

Mi reflexión

Esta expedición me enseñó que el éxito no siempre se mide en metros de altitud. La verdadera cumbre la encontramos en los campamentos, en las curas y en las manos que estrechamos. Aprendí que ser valiente también es saber cuándo parar y redirigir tu energía hacia donde más se necesita. Hoy, cuando cuento esta historia, lo hago con el orgullo de haber priorizado la humanidad sobre el ego de una cima.

 

Damavand:

El techo de Persia y el silencio de sus mujeres

Logo Damavand Expedicion
Portada Damavand Expedicion - 3

Mi expedición al Damavand no fue solo un reto deportivo para alcanzar el volcán más alto de Asia (5.610 m); fue un viaje de contrastes que me sacudió profundamente. Irán es un país de una belleza sobrecogedora y una hospitalidad increíble, pero como mujer y comunicadora, me enfrenté a una realidad que no pude ignorar.

La montaña como espacio de libertad

Mientras organizaba la logística y ascendía por las faldas del volcán, sentí en mi propia piel lo que significa ser mujer en una cultura con tantas restricciones. Cada paso era un recordatorio de mi libertad, pero también de la falta de ella para muchas mujeres locales. Durante el viaje, tuve que adaptarme a normas de vestimenta y comportamiento que, desde mi visión, resultaban chocantes, especialmente cuando intentaba realizar mi trabajo como documentalista.

El silencio de las mujeres iraníes

Lo que más me marcó no fue la altitud, sino las miradas y las conversaciones a media voz. Entrevisté a mujeres que, a través de sus silencios, me contaban la lucha diaria por su identidad. Entendí que, para muchas de ellas, la montaña era el único lugar donde podían sentir un respiro, un espacio lejos del control social de las ciudades. Esa conexión emocional le dio a mi documental una dimensión que iba mucho más allá de lo deportivo.

Mi reflexión

Hacer cumbre en el Damavand fue un orgullo, pero traer conmigo las voces de esas mujeres fue mi verdadera misión. Esta expedición me enseñó que la montaña puede ser un altavoz para quienes no tienen voz, y que mi labor como comunicadora es contar lo que sucede en esos lugares remotos, donde la cima es solo el principio de la historia.

 

Arsuara:

Entre volcanes y el latido del pueblo Kurdo

Logo Arsuara Expedicion
Portada Arsuara Expedicion - 4

Mi expedición a las tierras del Kurdistán Turco, bajo el nombre de Arsuara, nació con la intención de unir el desafío de ascender a sus volcanes con un compromiso humano directo y urgente. Fue un viaje donde la altitud de las montañas solo fue superada por la profundidad de las historias que encontré en sus faldas.

La verdadera cumbre

Campamentos sanitarios itinerantes Lo más valioso de este proyecto no ocurrió en las cimas, sino en los campamentos sanitarios itinerantes que organizamos. Nos desplazamos a zonas rurales profundamente aisladas donde el acceso a la medicina es casi inexistente. Junto al equipo médico, realizamos consultas y atendimos a familias que vivían en condiciones de gran dureza, llevando salud y suministros a pie de montaña.

Recuerdo el impacto de ver cómo una expedición puede transformar la realidad inmediata de una comunidad. Ver la gratitud en los ojos de las madres y los ancianos al ser atendidos fue lo que realmente dio sentido a todo el esfuerzo logístico.

Resiliencia y cultura Kurda

Además de la atención médica, realizamos una importante labor de entrega de ayuda humanitaria y material escolar. A través de mis entrevistas y de la convivencia diaria, pude conocer de cerca la identidad de un pueblo que lucha por mantener vivas sus tradiciones a pesar de las dificultades.

Me chocó y me inspiró a partes iguales su increíble resiliencia. Escuchar sus historias de resistencia mientras compartíamos el té en sus casas me enseñó que la verdadera aventura es la que sirve para tender puentes. Mi cámara no solo grabó paisajes volcánicos; grabó la fuerza de un pueblo que se niega a ser invisible.

Mi reflexión final

Arsuara me confirmó que mis pasos deben ir siempre acompañados de una acción social. Regresé a casa con la certeza de que la montaña es el escenario perfecto para llevar esperanza y salud donde nadie más llega. Esta expedición reafirmó mi propósito: la comunicación y la ayuda son las herramientas más potentes que tengo para cambiar el mundo, capítulo a capítulo.

 

Quelccaya:

El gigante de hielo que se desvanece

Logo Quelccaya Expedicion
Portada Quelccaya Expedicion - 5

Mi expedición al Quelccaya, en Perú, ha sido una de las experiencias más intensas y agridulces de mi carrera. Allí logré lo que técnicamente es un hito: convertirme en la primera mujer en alcanzar la cima del glaciar tropical más extenso del planeta, a una altitud de 5.666 metros. Sin embargo, la alegría del récord se vio empañada por una realidad devastadora que vi con mis propios ojos.

Un récord con sabor a despedida

Pisar la cumbre del Quelccaya no fue solo un logro físico; fue ser testigo de un "grito" de la naturaleza. Documenté cómo este gigante de hielo está retrocediendo a una velocidad alarmante. Ver las grietas y el deshielo me hizo comprender que estaba filmando algo que, muy probablemente, las próximas generaciones no podrán ver. Mi documental no nació para celebrar un récord, sino para ser una alerta sobre el cambio climático.

Arte y emociones en las alturas

Fiel a mi filosofía de que no hay expedición sin conexión humana, pasé tiempo en las comunidades que viven a los pies del glaciar. Allí realicé talleres de pintura con los niños locales. Fue mágico ver cómo ellos plasmaban en el papel su visión de la montaña y el hielo. Ese vínculo entre el arte consciente y la realidad de su entorno es lo que hoy da vida a mi taller "El arte de sentirse genial".

Labor sanitaria y social

Al igual que en Nepal, no podíamos pasar por allí sin aportar algo tangible. Desarrollamos un proyecto sanitario para ayudar a las familias de la zona, que viven en condiciones de gran altitud y aislamiento. Ver cómo el arte y la salud se entrelazaban en un entorno tan extremo reafirmó mi propósito de vida: la montaña es el medio, pero el fin siempre es el bienestar de las personas.

Mi reflexión

El Quelccaya me dio un récord mundial, pero me devolvió una responsabilidad mucho mayor. Me enseñó que mi voz puede servir para proteger lo que amamos. Regresé de Perú convencida de que el arte es la mejor herramienta para cerrar la brecha entre la industria que avanza y la naturaleza que se agota.