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Quelccaya - El último aliento del gigante de hielo

Quelccaya - El último aliento del gigante de hielo

Mi expedición al Quelccaya, en Perú, ha sido una de las experiencias más intensas y agridulces de mi carrera. Allí logré lo que técnicamente es un hito: convertirme en la primera mujer en alcanzar la cima del glaciar tropical más extenso del planeta, a una altitud de 5.666 metros. Sin embargo, la alegría del récord se vio empañada por una realidad devastadora que vi con mis propios ojos. Crónica de un Récord Mundial a 5.666 metros de altitud.

Quelccaya:

El gigante de hielo que se desvanece

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Portada Quelccaya Expedicion - 5

El reto histórico - Ser la primera mujer en la cima del hielo tropical

Cuando nos planteamos el objetivo de ascender al Quelccaya, en la cordillera de Vilcanota (Perú), sabíamos que no estábamos ante una montaña convencional. Estábamos ante un mar de hielo que se extiende por más de 44 kilómetros cuadrados, el glaciar tropical más extenso de la Tierra. Mi meta era clara pero ambiciosa: convertirme en la primera mujer en el mundo en alcanzar los 5.666 metros de este coloso.

Llegar a esa altitud en un glaciar tropical supone una exigencia técnica y física extrema. El aire a esa altura es escaso, cada paso requiere una voluntad de hierro y el terreno, aunque visualmente hipnótico, es traicionero. Ser la primera mujer en pisar ese punto no fue una cuestión de ego, sino un acto de visibilización: quería demostrar que la exploración femenina puede y debe estar en la vanguardia de la denuncia medioambiental. Alcanzar esa cota fue el momento más intenso de mi carrera; una mezcla de agotamiento absoluto y la satisfacción de saber que ese récord histórico serviría para poner los ojos del mundo sobre un gigante que se está muriendo.

La dureza extrema - El límite del cuerpo a 5.666 metros

A nivel personal, puedo afirmar sin vacilar que esta ha sido la expedición más dura físicamente hasta el momento. Los Andes peruanos imponen un ritmo diferente al Himalaya o al Cáucaso. La altitud te golpea desde el primer día, y el ascenso por la masa glaciar del Quelccaya te exige una concentración total. El terreno es implacable; el hielo, afectado por el calentamiento global, presenta grietas y texturas que dificultan el avance y obligan a una lectura constante de la superficie.

Hubo momentos en los que el agotamiento me llevó al límite de mis fuerzas. La falta de oxígeno a 5.666 metros hace que cada movimiento se sienta como si llevaras plomo en las venas. Fue aquí donde la fuerza y el apoyo de mi equipo se volvieron vitales. Un récord mundial no es un logro solitario; es el resultado de una maquinaria humana que camina al mismo ritmo. Sin su aliento en los metros finales, la historia habría sido distinta. Desde la cota máxima, la visión es sobrecogedora: un desierto de hielo que, paradójicamente, desprende una sensación de fragilidad inmensa.

El Gigante Herido - Testimonio del colapso climático

El Quelccaya es considerado el "termómetro" del cambio climático en los trópicos. Los estudios científicos son devastadores: el glaciar está perdiendo metros de hielo cada año a una velocidad que vaticina su desaparición total en las próximas décadas. Estar allí arriba, en el punto más alto alcanzado por una mujer, me permitió ser testigo directo de ese "último aliento".

Este documental no es solo el registro de mi ascenso; es una alerta roja sobre la emergencia climática que amenaza nuestras fuentes de agua dulce. El Quelccaya alimenta los ríos que dan vida a miles de personas en los valles peruanos, y verlo retroceder es ver cómo se agota el futuro de esas comunidades. Mi récord histórico es el envoltorio para un mensaje mucho más urgente: estamos perdiendo la belleza y el equilibrio de nuestro planeta a una velocidad que no nos podemos permitir ignorar.

Labor Social y Arte en Pacchanta - El equilibrio humano

Mientras yo luchaba por cada metro hacia el récord, la expedición mantenía su esencia humana en las faldas de la montaña. El Dr. Juan Pablo Hernando continuó con nuestra labor social innegociable, estableciendo campamentos sanitarios esenciales para las poblaciones locales. Atender a las familias de los Andes, que viven en condiciones de aislamiento y dureza climática extremas, es lo que realmente da sentido a nuestro esfuerzo.

Uno de los momentos más transformadores fue el taller de pintura al aire libre en Pacchanta, a 4.200 metros. Pintar con aquellos niños fue el contrapunto perfecto a la solemnidad del glaciar. Mientras arriba el hielo moría en silencio, abajo la alegría contagiosa de los niños llenaba el aire. Sus dibujos, llenos de color y vida, reflejaban una resiliencia asombrosa. A pesar de vivir en un entorno hostil, su conexión con la tierra es pura y alegre. Ese taller fue un homenaje a la belleza que estamos perdiendo y a la fuerza de quienes habitan las faldas del gigante.

La responsabilidad del eco - El mensaje del Récord

Ser la primera mujer en el mundo en alcanzar los 5.666 metros del Quelccaya me otorga una plataforma de comunicación que no pienso desaprovechar. Este récord histórico es una herramienta para el cambio. A través de mis charlas, presentaciones y del propio documental, busco que el espectador sienta el frío de la altitud y la urgencia del deshielo.

Mi pintura, tras esta expedición, ha adquirido una nueva dimensión. Las texturas de relieve que utilizo en mis obras ahora buscan replicar esa piel herida del Quelccaya: las grietas, la porosidad del hielo que se funde y la profundidad de ese blanco que se va tornando en roca desnuda. El Quelccaya me enseñó que la verdadera cima no es llegar arriba, sino regresar con un testimonio que sea capaz de mover conciencias.

La logística del límite - Estrategia y equipo a 5.666 metros

Alcanzar un récord mundial no es fruto de la improvisación. La logística para coronar el Quelccaya a 5.666 metros fue una operación de precisión. A diferencia de otras montañas de roca, el glaciar es un terreno dinámico. Tuvimos que estudiar las imágenes satelitales y los mapas de retroceso glaciar para trazar una ruta que fuera segura pero directa. El equipo de apoyo fue fundamental: porteadores locales que conocen cada susurro del hielo y compañeros que, como yo, entendían que estábamos pisando un terreno que desaparece día a día.

La equipación debía ser ligera pero extrema. A esa altitud, el sol tropical rebota en el blanco del glaciar con una intensidad que puede quemar la retina y la piel en minutos, mientras que la temperatura del aire se mantiene gélida. Gestionar esa dualidad térmica mientras tu cuerpo demanda un oxígeno que no existe es una batalla constante. Mi gratitud eterna va para aquellos que caminaron a mi lado, cargando no solo equipo, sino la responsabilidad de documentar un momento que ya forma parte de la historia de la exploración femenina.

El sonido de la agonía - La acústica del deshielo

Uno de los detalles que más impacta al estar a 5.666 metros en el Quelccaya es el sonido. No es el silencio estático de una cumbre de piedra. El glaciar "habla". Durante la ascensión, el sonido del agua corriendo bajo las capas de hielo es constante; es como escuchar la sangre de un gigante drenándose. De vez en cuando, un crujido sordo retumba en el valle: es el hielo milenario fracturándose por el peso de su propia vulnerabilidad.

Como artista, esos sonidos se convirtieron en formas. En mis conferencias explico que el récord no fue solo una cifra de altitud, sino una inmersión sensorial en el colapso. Estar en la cima del glaciar tropical más grande del mundo y saber que eres la primera mujer que contempla ese horizonte desde ese punto exacto te otorga una perspectiva de humildad absoluta. El horizonte desde allí arriba es una sucesión de picos nevados que parecen islas en un mar de tierra que va ganando terreno al blanco.

La labor del Dr. Juan Pablo - Sanidad en la "Puna"

Mientras yo registraba el récord, el Dr. Juan Pablo Hernando se enfrentaba a la realidad de la "Puna" (el mal de altura crónico) en las comunidades de Pacchanta y alrededores. Atendió casos de hipertensión pulmonar y problemas oculares derivados de la altitud y la radiación solar. Los campamentos sanitarios itinerantes no son solo ayuda médica; son un intercambio de dignidad.

Las comunidades que viven a la sombra del Quelccaya son las primeras víctimas del cambio climático. Si el glaciar muere, su forma de vida —basada en el pastoreo de alpacas y el ciclo del agua— muere con él. Por eso, mi récord y la labor de Juan Pablo son dos caras de la misma moneda: yo denuncio la pérdida del ecosistema y él cuida de quienes resisten en él.

El Taller de Pacchanta - Pintar el futuro a 4.200 metros

El taller de pintura con los niños no fue una actividad secundaria. Fue el momento en que el Arte Consciente cobró todo su sentido. A 4.200 metros, con los pulmones aún adaptándose, ver a esos niños plasmar el glaciar en el papel fue revelador. Ellos no pintan el Quelccaya como un dato científico; lo pintan como un abuelo, como un protector.

Su alegría contagiosa fue el motor que me permitió procesar la dureza de la expedición. Recuerdo a una niña que pintó el glaciar con flores en la base. Cuando le pregunté por qué, me dijo que el hielo se convierte en agua para que las flores puedan nacer. Esa sabiduría ancestral, tan sencilla y tan profunda, es la que intento trasladar ahora a mis obras. El récord mundial me dio la voz, pero los niños de Pacchanta me dieron el mensaje.

Conclusión - El legado de los 5.666 metros

Hoy, ser la poseedora de este récord histórico me obliga a no descansar. El documental "Quelccaya: El último aliento del gigante de hielo" es mi legado y mi responsabilidad. No quiero que sea recordado como la hazaña de una mujer, sino como el testimonio de un lugar que no podemos permitirnos perder.

Cada vez que doy una charla o un coloquio, vuelvo a sentir el aire frío de los 5.666 metros. Vuelvo a sentir la responsabilidad de ser la voz de ese gigante herido. Mi carrera como pintora y comunicadora se divide en un antes y un después de Perú. El Quelccaya me enseñó que la verdadera cumbre es la conciencia, y que el arte es el único lenguaje capaz de hacer que el mundo sienta el frío de un glaciar que se nos escapa entre los dedos.

La logística del límite - Estrategia y equipo a 5.666 metros

Alcanzar un récord mundial no es fruto de la improvisación. La logística para coronar el Quelccaya a 5.666 metros fue una operación de precisión. A diferencia de otras montañas de roca, el glaciar es un terreno dinámico y traicionero. Tuvimos que estudiar meticulosamente las rutas de aproximación, evitando las zonas de grietas más inestables causadas por el deshielo acelerado. El equipo de apoyo fue fundamental: compañeros que, como yo, entendían que estábamos pisando un terreno que desaparece día a día bajo nuestros pies.

La equipación debía ser ligera pero capaz de soportar condiciones extremas. A esa altitud, el sol tropical rebota en el blanco del glaciar con una intensidad que puede dañar la visión en minutos, mientras que el viento gélido te roba el calor corporal sin que te des cuenta. Gestionar esa dualidad térmica mientras tu cuerpo demanda un oxígeno que apenas existe es una batalla de resistencia pura. Mi gratitud es para quienes caminaron a mi lado, cargando con la tecnología necesaria para documentar un momento que hoy es un hito en la exploración.

El sonido de la agonía - La acústica del deshielo

Uno de los detalles que más impacta al estar a 5.666 metros en el Quelccaya es el sonido. No es el silencio estático de una cumbre de piedra. El glaciar "habla". Durante la ascensión, el sonido del agua corriendo bajo las capas de hielo es constante; es como escuchar el sistema circulatorio de un gigante que se está drenando. De vez en cuando, un crujido sordo retumba en el valle: es el hielo milenario fracturándose bajo la presión del calentamiento.

Estar en el punto más alto del glaciar tropical más grande del mundo te otorga una perspectiva de humildad absoluta. El horizonte desde allí arriba es una sucesión de picos nevados que parecen islas en un mar de tierra oscura que va ganando terreno al blanco. Ese contraste visual es la prueba irrefutable de la emergencia climática. El récord mundial me dio la plataforma, pero la montaña me dio el mensaje: estamos ante el fin de una era para estos gigantes de hielo.

La ciencia del deshielo - El Quelccaya como archivo

Desde la cota de los 5.666 metros, la perspectiva científica es desoladora. El Quelccaya es un archivo congelado que guarda la historia climática de los últimos milenios, y verlo fundirse es como ver una biblioteca arder. Durante la expedición, observamos cómo el borde del glaciar se retira, dejando atrás una roca desnuda que absorbe más calor, acelerando el proceso en un círculo vicioso. Este documental registra ese fenómeno: no es una interpretación, es un hecho físico que captamos con nuestras cámaras.

Como comunicadora, sentí la urgencia de traducir esos datos en una narrativa directa. La gente se moviliza por historias reales. Al alcanzar esa altitud, mi relato adquiere una fuerza humana que atraviesa las estadísticas. El Quelccaya no es solo hielo; es el sustento de la agricultura andina y el regulador del clima regional. Es un símbolo de la belleza pura que estamos sacrificando.

El legado de los 5.666 metros

Regresar de Perú habiendo alcanzado los 5.666 metros del Quelccaya es una responsabilidad que llevo con determinación. Esta expedición cerró un ciclo y abrió uno nuevo en mi carrera. El Quelccaya me dio el récord, pero también me dio un propósito: ser el altavoz de la tierra herida. Mi gratitud eterna a quienes caminaron a mi lado, a los niños de Pacchanta por recordarnos lo que hay en juego, y al Dr. Juan Pablo Hernando por su labor sanitaria esencial. El gigante de hielo ha dado su último aliento en este registro visual, y ahora nos toca a nosotros asegurar que su mensaje no se pierda.

 

Trailer del documental